Importante

Nota: Es mi lema frente a la vida, respetar a los demás, tal y como me gusta que me respeten a mí. Amo a los animales por encima de muchos humanos. Casi siempre me dejo guiar por el corazón, aunque me lleve muchos disgustos. Soy amiga de mis amigos y los defiendo con la mejor arma que tengo, con sinceridad y la verdad. Aun no siendo rencorosa y perdonar con facilidad, aparto sin temblarme el pulso, a las personas toxicas y no perdono la traición a dicha amistad. Si no te gusta mi manera de pensar, si no eres defensora/or, de los animales; no me interesas ni como como amigo, ni tan siquiera como humano. Te agradecería que me borraras de tus amigos y salieras de esta página.

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martes, 5 de mayo de 2026

Mariana (Primera Parte)




Mariana, tenía veinte años, era una muchacha, bonita, elegante, con una educación exquisita. Sus padres con un poder adquisitivo alto, le dieron los mejores estudios y ella, los aprovecho.

Su infancia trascurría entre el mar y el asfalto. Sus padres y ella, en vacaciones volvían a la casa de su abuela, situada en la costa. se reunía con sus familiares, tíos, primos y amigos. y sus raíces, era su zona de confort, allí, se sentía segura.

Después de saludar a todos, se dijo que a sus amigos los vería, después del baño. Estaba ansiosa de verlos, pero más, de darse un chapuzón.

Mariana, se fue a las rocas era su sitio preferido, allí, nadie la molestaba. Pero esta vez, estaba ocupado por un muchacho que hasta entonces no había visto nunca.

—¿Quién eres? Este sitio es mío. —Le dijo ella.

—Perdón. No vi ningún nombre.

—Aquí no viene nadie. Solo yo.

—Repito. No veo nombre alguno.

El muchacho tenía razón, y Mariana, tuvo que ceder.

—Me llamo María.

—Paolo. —dijo él. He venido con unos amigos. Siento haberte quitado tu sitio.

—Está bien, tampoco es mío. Vengo aquí, porque la playa está muy llena y me gusta la soledad.

Paolo, un muchacho de veintidós años, nada tenía que envidiar a los mejores modelos de alta costura de Italia. Mariana, quedó prendada de él, pero lo disimulo muy bien; ella, siempre había tenido claro que sus estudios era lo primero y amigos muchos, pero ni novios, ni enamoramientos. Terminar su carrera, era lo más importante para ella, nada la desviaría de sus objetivos, pero podían ser amigo, se dijo.

Los días pasaban y aunque Paolo, vivía en Italia, se veían solo en vacaciones, por deseo de Mariana, ya que lo primero, era lo primero, su carrera.

Entre los amigos más cercano de Mariana, Matteo, era su mejor amigo y confidente. Mariana le apreciaba muchísimo, pues se conocían desde niños, hecho más que reconocido, por todos los restantes que el aprecio, era reciproco. Sus amigos, contaban con ella, pero ella, siempre recurría a Matteo, él, siempre estaba a su lado, pasara lo que pasara, era su apoyo incondicional.

Ese verano, Mariana, tenía muchas ganas de ver a Paolo. Llegó a la casa de la familia de él, y ella, quedó sorprendida, ya que entre su gente había una muchacha muy atenta con él.

—Mariana. ¿Cuándo has llegado?

—Hace una hora; como me dijiste cuando hablamos, que ya estabas aquí, y no venías, pues me he acercado yo.

La familia de Paolo, le dio la bienvenida, ofreciéndole una silla para sentarse, ella se sentó, pero su intuición le decía, que algo no estaba bien.

—Me sentaré un ratito, tengo que volver a la casa, todavía tengo las maletas en el coche y no he visto a mi familia.

Se despidieron, quedando después en verse donde siempre. Habían pasado varios veranos desde que se conocieron y la relación entre ambos, parecía ir bien, o al menos eso creía Mariana. Al atardecer, Mariana, se encontraba sentada frente al mar, absorta en sus pensamientos, Paolo, apareció por detrás e hizo ademán de empujarla.

—Eh, ¿qué te pasa? Me has asustado.

Él, se rio.

—No veo la gracia.

—Tampoco es para tanto, mujer.

—¿Quién es la muchacha, que está en tu casa? —Nunca la había visto.

—¿Manuela? Es una amiga. Sus padres son amigos de los míos y bueno, el primer año vine con mis amigos, que fue cuando tú y yo nos conocimos, pero al hablarle tanto de este pueblo costero a mis padres y estos alquilar la casa de verano, pues, la han invitado a venir con nosotros. Nadaron un rato, pero a mariana ya no le gustaba el rumbo que estaba tomando dicha relación. Ella no estaba para tonterías, era consciente de que algo no tenía sentido, pero, también era cierto que se iban haciendo más adultos y lo que antes parecía un romance de verano, ahora ya no lo era tanto.

Y el verano terminó. Paolo, le recriminó, que tuviera que volver a la ciudad. A Mariana, no le gustó su actitud, pero ella ya se lo había dicho varias veces, su carrera y después lo que hiciera falta. Paolo trabaja en la empresa de su padre de relaciones públicas y él, tenía mucho tiempo libre, hecho, que también le espeto en cara a Mariana.

—Paolo. Cuando nos conocimos, te deje bien claro que no quería interferencias entre mis estudios. Para mí, es muy importante terminar mi carrera y labrarme un futuro, y lo entendiste. ¿Qué ocurre ahora, ha cambiado algo y no me he enterado?

—Que tengo tiempo y tú estás lejos, simplemente, que te echo de menos y no quieres ni que te vaya a visitar a la universidad, solo vernos en los veranos y yo pienso, que para qué tanto estudio, tengo suficiente dinero para mantenerte y lo más probable, es que ni trabajes cuando vivamos juntos.

—No comprendo que te ocurre Paolo, termino de decírtelo, no quiero interferencias. Ni a nadie que me mantenga. Yo soy una persona autosuficiente para mantenerme por mi misma, y si vivimos juntos, quiero trabajar, cada cual tiene sus objetivos.

—Bien. Mariana, pues no es así como yo lo veo, tendrás que decidir, si te quedas conmigo o te vas.

—Pero, te estás escuchando lo que dices, no tiene ningún sentido Paolo. Y lo lamento mucho, pero me tengo que ir. Creo que ha sido una lástima el tiempo que he perdido contigo, pensé que eras diferente, pero me doy cuenta que me quieres manipular y peor todavía, deslumbrar con tu dinero. Tú actitud demuestra, que lo que yo quiero para mi vida no te interesa lo más absoluto, y dicho esto, lamento profundamente que te valgas de tu posición para atraer a una mujer. Sí, será mejor que lo dejemos aquí y ahora. No eres el hombre que deseo que comparta mi vida.

Mariana, se dio la vuelta y hizo ademan de marcharse, pero Paolo, no estaba dispuesto a le dejaran, sintió en su cuerpo una oleada de colera y con los ojos ensangrentados, la cogió por la cintura con toda su furia y como si fuera un bulto, la lanzó al mar.

jueves, 4 de diciembre de 2025

Emily Warren Roebling



La mujer que unió Brooklyn con Manhattan

La historia del Puente de Brooklyn es también la historia de Emily Warren Roebling. Su valentía, inteligencia y dedicación no solo hicieron posible una de las mayores obras de ingeniería del siglo XIX, sino que la convirtieron en un símbolo pionero de independencia y liderazgo femenino.

Antes de que una mujer se graduara en ingeniería en Estados Unidos, Emily Warren Roebling ya lideraba la construcción del puente de Brooklyn. Tras la muerte de su suegro y la enfermedad de su esposo, tomó las riendas del proyecto, convirtiéndose en la primera mujer ingeniera de campo y supervisando cada detalle de la obra. Investigamos su vida y legado, que la consolidaron como una figura fundamental en la historia de la ingeniería.

La tragedia que la llevó a liderar el Puente de Brooklyn

Warren nació en 1843 en Cold Spring, Nueva York, en una familia de clase media alta. Asistió a una prestigiosa escuela solo para niñas, el Convento Visitation de Georgetown. A pesar de la creencia de la época de que las mujeres no necesitaban una educación superior, Emily estudió matemáticas y ciencias. Además, a los 56 años obtuvo un certificado de derecho de la Universidad de Nueva York (NYU) y ganó un premio de 50 dólares por su ensayo “A Wife's Disabilities”, donde criticaba las limitaciones legales a la independencia financiera de las mujeres.

Warren conoció a Washington Roebling, un joven oficial, mientras visitaba a su hermano en un campamento del ejército durante la Guerra Civil. Se enamoraron y se casaron. En 1867, antes de que comenzara la construcción del Puente de Brooklyn, viajó con su esposo a Europa en una luna de miel tardía para investigar aspectos técnicos relacionados con el proyecto del puente que su suegro, John A. Roebling, estaba planeando. Durante este viaje, aprendieron sobre los cajones (cámaras estancas presurizadas para cimientos subacuáticos) y otras técnicas de construcción de puentes.

La tragedia llevó a Emily Warren Roebling a la vanguardia de la ingeniería. En 1869, su suegro murió de tétanos tras un accidente en la obra. Washington Roebling asumió el cargo de ingeniero jefe del proyecto, pero enfermó gravemente. Desarrolló el síndrome de descompresión debido al uso pionero de cajones neumáticos para la cimentación del puente y quedó postrado en cama.

De ingeniera autodidacta a activista por los derechos de las mujeres

Warren asumió un papel crucial: se hizo cargo de las comunicaciones de su esposo, estudió sus planes, copió sus especificaciones y explicó instrucciones a sus ingenieros asistentes. Se convirtió en lo que Washington llamó su “consejera más sabia” y “una mujer de infinito tacto”. Visitaba el sitio de construcción todos los días, asistía a las reuniones de la junta y administraba el proyecto, aunque intentó mantener su nivel de involucramiento en secreto para proteger la reputación de su esposo. Además, aprendió sobre resistencia de materiales, análisis de estrés, construcción de cables y cálculo de curvas catenarias.

Poco antes de la inauguración del puente, condujo un carruaje para probar las vibraciones, llevando consigo un gallo como símbolo de victoria. Además, fue la primera persona en cruzar el Puente de Brooklyn en carruaje durante su inauguración el 24 de mayo de 1883. Ese mismo día organizó una recepción en su casa para el entonces presidente de Estados Unidos, Chester A. Arthur.

Tras la construcción, viajó sola a Europa, donde conoció a la Reina Victoria en Londres y asistió a la coronación del Zar Nicolás II en Moscú. Al regresar, ofreció conferencias sobre sus experiencias en Rusia para la Federación de Clubes de Mujeres y se involucró cada vez más en la lucha por la igualdad de género. Además de dar discursos por todo el país en defensa del sufragio femenino y los servicios sociales para los pobres, alentó a las mujeres a estudiar derecho.

 

  

El Puente de Brooklyn fue el puente colgante más largo del mundo cuando se inauguró el 24 de mayo de 1883. Crédito: Jf Szekely / Wikimedia Commons.
Un “monumento eterno” al sacrificio

En 2024, un promedio diario de 103.051 vehículos, 28.845 peatones y 5.504 ciclistas cruzaron el Puente de Brooklyn. Esta infraestructura se ha convertido en un legado vivo de la visión, el esfuerzo y la determinación de Warren. “Esposa, madre, conferenciante, estudiante, viajera del mundo y mujer activa en clubes, esta polifacética mujer victoriana fue un ejemplo pionero de independencia”, indica la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE, por sus siglas en inglés).

Como señaló el congresista de Nueva York Abram Hewitt durante la ceremonia de inauguración, el puente representa “un monumento eterno” a la dedicación y sacrificio personal de Warren. “El nombre de Emily Warren Roebling estará inseparablemente asociado con todo lo admirable en la naturaleza humana y todo lo maravilloso en el mundo constructivo del arte”, afirmó.